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VIAJAR Y GASTRONOMÍA »
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Bárbara Salado estudió con nosotros el Máster en Gestión e Innovación Gastronómica y Ciencias de la alimentación, marchó a Australia y no hemos dejado de seguirle la pista; por eso, le hemos pedido su opinión sobre cómo vive y siente una trotamundos empedernida, amante de la buena mesa y entusiasta de la vida. Os dejamos sus impresiones:

 

Me despierto, abro los ojos y veo cómo la luz de la mañana entra tímidamente entre las cortinas de mi habitación, ¿dónde estoy? Parpadeo levemente y siento el fuerte olor a chiles y carne asada, ¡México! ¡Claro! Creo que hoy tomaré tacos de pastor para desayunar… J Es una sensación extraña… Cuando vives viajando, a veces, te cuesta asimilar dónde te encuentras en cada momento ¡Pero siempre hay un olor que se encarga de recordártelo!

 

Mientras saboreo la carne recién cortada, aderezada con cilantro, chipote y limón, me detengo a pensar. Es increíble cómo la gastronomía de un lugar forma parte substancial de él y lo define; cómo las gentes de cada país sienten un fuerte apego a sus platos preferidos, se identifican con ellos y los extrañan tremendamente cuando están lejos de su hogar. Es increíble cómo todos esos colores, formas, texturas, olores y sabores crean esos mercados únicos y maravillosos por los que camino deleitándome en cada rincón del mundo. Y es que la comida nos define, nos une y armoniza; es siempre motivo de felicidad y se convierte en bandera de cada país y eje de tradiciones y celebraciones. Comida y cocina se convierten en hechos culturales y sociales indiscutibles, esenciales para el hombre desde los orígenes de la Historia. 

 

 

Creo que en este mundo globalizado en el que vivimos, la gastronomía se ha convertido, o más bien se ha mantenido, como uno de los elementos más definitorios de la cultura de cada país. Así como lo puedan ser el arte, la música o la literatura. En la era de la informática, las comunicaciones y la globalización, el mundo ha pasado a ser un tablero por el que todos nos movemos virtual o físicamente con gran facilidad, y, en este tablero, todo es cada vez más uniforme y menos genuino. Podemos pasear por las calles de Estambul, Londres, Sídney o New York y encontrar prácticamente las mismas tiendas de moda o electrónica, incluso los mismos restaurantes, bancos y cafeterías. Eso sí, es cuando nos adentramos un poco más allá cuando descubrimos cómo la esencia de cada país sigue viva y vigente en su arte, sus gentes y su gastronomía.

 

A las orillas del turbio río de Bangkok, las mujeres se colocan detrás de sus puestillos preparando pad thais y sopas de noodles; en Penang, los malayos se arremolinan en inmensos food courts donde se sirven rotis y laksas a todas horas; en México, los trabajadores hacen un descanso para saborear unas quesadillas o unas buenas tortas; en New York los ejecutivos corren atareados con hot dogs chorreantes entre sus manos; en Estambul, los viajeros llegados de todos los lugares del mundo recorren inmensos bazares de especias al igual que hacían un milenio atrás; en Buenos Aires, siempre hay tiempo para un café caliente con una factura de dulce de leche… Recuerdos de sabores inauditos, platos de nombres imposibles, señoras guardianas de ancestrales recetas, olores intensos, sonidos de agua hirviendo y planchas humeantes; mercados  repletos, voces en lenguajes extraños, colores vivos, texturas únicas, tabernas populares, puestos callejeros, especias inundando tus sentidos. Todo ese remolino que conforma la gastronomía de un lugar y que queda grabada en tu memoria para siempre como si, de algún modo, hubieses sido ciudadano de aquél lugar por un tiempo, ya que tú también lo echarás de menos cuando ya no puedas disfrutarlo una vez más. Pues, ¿Acaso no echáis de menos las croquetas de mamá?, ¿Acaso no hay cierto olor a comida que os trae recuerdos de la niñez?, ¿Acaso no sentís como parte vuestra la paella de los domingos o el pan con tomate y jamón para desayunar?

 

La gastronomía forma parte de nuestro bagaje cultural y como tal debemos preservarla y defenderla.  Hagamos pues de ella una parte imprescindible de nuestros viajes, una forma de acercarnos a nuevas culturas, de explorar y descubrir el mundo en todas las posibilidades que nos ofrece.

 

 

Gracias Bárbara por invitarnos a recorrer el mundo contigo ¡No dejes de hacerlo! Muchas suerte y a seguir comiéndote la vida a bocados con este sexto sentido que trasmites en tus vivencias.

 

 

 
Sobre el Autor: Bárbara Salado

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Hotel Stanza, Ciudad de México. Licenciada en Humanidades, di un giro a mi vida y estudié dos masters relacionados con gestión de empresas de hostelería. Desde entonces, he trabajado como manager de restaurantes en España, Estados Unidos y Australia. Trotamundos por vocación y exploradora de gentes, culturas y gastronomías por pasión. Actualmente, resido y trabajo en Ciudad de México y motivada a lo que esté por venir.
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2 respuestas a ¿A qué sabe el mundo de un trotamundos?

Raquel Contador Torres 29 de mayo del 2017
Bárbara, me siento muy identificada con todos lo que cuentas; viajar es crecer, es conocer, es darse cuenta de lo pequeños y grandes que somos. No dejes de contarnos.

Un abrazo y enhorabuena por tu valentía.

Raquel
Lara Yarmolchuk 29 de mayo del 2017
Genial. Gracias Barbara. Ya desde el lunes viajando contigo por el mundo entero. Parece q sentí estos olores y colores de los platos internacionales contigo. Que gusto viajar a través del mundo Gastro.

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