Una experiencia sensorial muy especial: Comer completamente a oscuras

Una experiencia sensorial muy especial: Comer completamente a oscuras

EXPERIENCIA SENSORIAL Y GASTRONÓMICA ÚNICA

 

Los comensales del restaurante No lo veo se enfrentan a un agradable reto. Los platos de su menú se toman en completa oscuridad, de forma que se potencian todos los demás sentidos.  

 

Con motivo del primer certamen de cocina MasterD tuvimos ocasión de hablar el equipo de No Lo veo: Diego Marcos (emprendedor y responsable del restaurante No lo veo), Mateo Ruíz (camarero invidente) y Sonia Fernandez, (camarera invidente).

 

Eso de comer sin ver la comida, ¿es un concepto arriesgado? 

Diego Marcos: La verdad es que sí, sobre todo porque abrimos el restaurante durante la pandemia. Pero la idea es hacer un restaurante sensorial en el que nos privamos de la vista, pero potenciamos otros sentidos, como el olfato o el oído, ya que, por ejemplo, jugamos con la música durante la cena. 

El menú es un menú sorpresa, no se puede elegir. Consta de cuatro pases y once elaboraciones. Al hacer la reserva se pueden indicar las alergias e intolerancias.  

 

¿Cómo surge la idea? 

Diego: Estaba con mi mujer en Vietnam y vimos un restaurante por el estilo, y ya en ese momento se me quedó en la cabeza que tenía que montar algo similar. Han tenido que pasar 5 o 6 años y una pandemia para reconvertir un restaurante que tenía, en este proyecto. Ahora ya es una realidad.  

 

 Cuándo se come a oscuras, ¿la comida sabe diferente? 

Diego: Lo que se evita es el prejuicio de que la comida entra por la vista. Además el menú es un menú de altura. Es un menú de autor diseñado por Toño Rodriguez, un chef muy reconocido a nivel nacional. A la hora de elaborar el menú ya ha tenido en cuenta que los comensales no ven sus platos; por ejemplo, no hay sopa, algo difícil de comer sin usar la vista. Se le sugirió al chef que utilizara contenidos tipo tapa, más fáciles de comer a oscuras. Los alimentos se pueden coger con la mano, es lo que aconsejamos, pero si alguien lo prefiere, puede utilizar los cubiertos. 

 

Sonia y Mateo son los camareros del local, su tarea no es solo servir, sino ser los acompañantes de los comensales, orientarles y ayudarles en lo que precisan. ¿Cuál es vuestra labor? 

Sonia Fernández: Nuestra labor comienza cuando el cliente llega al restaurante. Le explicamos cómo está dispuesta la mesa, el lugar en el que van a estar, les ubicamos en la mesa, les decimos cómo sentarse, y también hacemos la labor de camarero de cualquier restaurante.  

Mateo Ruiz: Les acompañamos en todo momento durante la experiencia, pero cuando cenan se dedican a disfrutar y a estar a su rollo. Confían totalmente en ti, eres un cruce entre camarero y relaciones públicas, estamos para todo lo que necesiten. 

 

 ¿Hay cierto componente social y de integración en este proyecto? 

Diego: Claro que sí. No es ponerse un anfifaz y ya está, sino estar cien por cien a oscuras, como están siempre Sonia y Mateo, y sentir su día a día, de esta forma los comensales se meten un poco en el papel de las personas invidentes. A la gente lo que le está gustando es ponerse en la piel de los otros. Los fines sociales van implícitos, a los camareros invidentes ha habido que formarlos y ahora realizan todas las tareas del restaurante. Se cuenta con la colaboración de Fundación ONCE e Inserta, que son quienes inicialmente proporcionaron al personal para que fuera formado. 

Sonia: Estamos muy contentos de esta oportunidad. Como personas con discapacidad es de agradecer que alguien nos dé una oportunidad así, realizando un trabajo que generalmente una persona con discapacidad visual no va a desarrollar. 

Mateo: al principio recibimos formación de la ONCE sobre la manera de interactuar y, posteriormente, se nos formó en hostelería por parte de Diego, la especialización propia de la restauración. 

Sonia: Nuestra tarea no es especialmente complicada, porque es nuestro día a día, igual que yo pongo un plato en mi casa para comer, se lo pongo al cliente con un poco más de cuidado. Lo más difícil no es servir, sino transmitir al cliente la información para que sepa, por ejemplo, dónde está la comida en el plato. A veces se lían, pero enseguida cogen la marcha. La gente empatiza con nosotros. 

 

 ¿Qué tipo de gente visita No lo veo? 

Diego: Viene todo tipo de gente, pero a partir de una edad, por ejemplo, no es un restaurante recomendado para niños, porque para ellos estar en la oscuridad completa durante un par de horas puede cansarles. El perfil más normal es a partir de 30 años hacia arriba, incluso hacemos comidas de empresa, despedidas de soltera… 

Sonia: Hay algunas pocas personas a las que la oscuridad les intimida un poco y les resulta muy complicado seguir. 

Mateo: Pero es normal que se sientan así, y son muy pocas. Hay quien al principio está muy inquieto, pero se les acompaña desde el principio y, por ejemplo, les invito primero a sentarse y a relajarse, al final acaban disfrutando. 

Sonia: Además pierden la noción del tiempo. La experiencia dura unas dos horas, pero a todos les parece mucho menos tiempo. 

 

Al final de la cena hay un revue de sensaciones. ¿En qué consiste? 

Sonia: se les pone un vídeo en el que ven lo que han comido, y es entonces cuando la gente se da cuenta de que confunde los sabores. No distinguen la carne del pescado. Es muy gracioso porque hay quien confunde la merluza con el pollo. Los que pueden ver la comida tienen el gusto mucho menos desarrollado. 

Mateo: La gente sale encantada. Pero lo mejor es oírles decir que han experimentado algo que nunca habían sentido. 

Diego: Tampoco conocen nunca el espacio en el que han comido. Es muy bonito, pero nadie lo ve en ningún momento, no saben si es grande o pequeño. 

 

 Pero además el restaurante ha lanzado la iniciativa Lo quiero, no lo quiero, ¿qué es esto? 

Diego: Es una especie de First dates aragonés: comes a ciegas con una pareja a la que no has visto nunca y compartes la cena en completa oscuridad. Así se conoce a la persona sin ningún prejuicio y sin ningún tipo de condicionante… Los participantes rellenan un formulario y nosotros le emparejamos según sus afinidades. La iniciativa lleva muy poco tiempo, pero de momento la acogida es muy buena y algunas parejas siguen en contacto. 

 

 ¿Qué les diríais a las personas interesadas en acudir a No lo veo? 

Mateo: Que se quiten prejuicios de la comida, hay que abandonar totalmente la idea de que la comida entra por los ojos. Y por otro lado, que no tengan miedo a no ver, porque la gente sale encantadísima. 

Sonia: Es algo diferente y se lo van a pasar muy bien. 

Diego: También añadiría a los solteros que se animaran a participar en Lo quiero, no lo quiero. Es una manera diferente de conocer a alguien mientras se disfruta de la cena de No lo veo. Esperamos que el proyecto No lo veo se consolide, intentamos hacer las cosas bien y hacer algo diferenciado. Yo, cuando tengo una idea, voy a por ella.  

 

Los menús de No lo veo tienen lugar los jueves, viernes, sábado y domingo y es necesario hacer reserva previa. Es un proyecto novedoso, una experiencia culinaria en la que se degusta un menú de autor que pone a prueba los sentidos en un viaje sensorial. Es cocina de autor sorpresiva  y respetuosa con los sabores clásicos de la tierra. 

 

 

GRAN CONCURSO DE COCINA

 

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